16/09/2015

¿Cómo se construye la paz en Colombia?

La ACR utiliza la tecnología como una herramienta para la reintegración.

Sandra lleva el pelo largo y las uñas de color. Viste traje de falda y le gusta hablar despacio. Hace 15 años decidió dar la batalla más dura de su vida: la reinserción a la vida civil.

Lo hizo 20 días después de que las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) negociaran con el gobierno colombiano una desmovilización colectiva. Ese día vio una oportunidad para dejar el único bien que tenía, su arma que la acompañaba día y noche. Hasta ese entonces no tuvo nada más; por eso, cogió a sus 4 pelaos y viajó a Bogotá para iniciar su proceso de reintegración: “Apenas llegué entré a la red de apoyo con un profesional reintegrador y empecé a recibir un auxilio que me consignaban en el Banco Agrario.

Me dijeron que fuera a la sede central del entonces PRVC (Programa de Reintegración a la vida Civil , en esa época manejado por el Ministerio del Interior) para que me registrara”, asegura Sandra.

Esta ex militante de las autodefensas hace parte de las personas que han culminado con éxito toda la ruta de la Reintegración a la vida civil. Ocho de cada 10 personas desmovilizadas cumplieron con el proceso y se han mantenido en la legalidad. Es decir que, efectuaron toda la Ruta que la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR) diseñó para los que deciden abandonar los grupos armados ilegales. Este dato y muchos más están guardados celosamente en una herramienta tecnológica denominada SIR (Sistema de Información para la Reintegración).

El SIR surge de una alianza público privada entre la ACR y Microsoft -quien diseñó esta herramienta bajo la tecnología Dynamics CRM- para darle eficiencia, agilidad e integración a los procesos de la Agencia. Sirve para entregar información en tiempo real, permite tomar decisiones y hacer un seguimiento seguro y exhaustivo de la ruta de cada persona.

La Agencia tenía un reto muy importante que era registrar toda la línea de documentación de las actividades de una persona para pueda hacer su Reintegración a la sociedad.

Piedad Montero. Asesora de la Oficina de Tecnologías e Información de la ACR.

¿Cómo empieza esto? Toda persona que inicie el proceso de manera individual debe tener una certificación del Comité Operativo para la dejación de las armas (CODA). Sandra, por ejemplo, entró porque hizo parte de listados que entregó en ese momento el Alto Comisionado para la Paz al Ministerio del Interior. Posteriormente le dieron un carné que la identificaba como beneficiaria del programa.

Desde ese instante, Sandra empezó la formalización del proceso: tuvo que tramitar sus documentos de identidad y los de sus hijos, también entregó la información de su núcleo familiar y los niveles de escolaridad de cada uno. Posteriormente, el programa la afilió a ella y su familia al sistema de salud y le ayudó con cupos escolares gratuitos para sus niños.

Todos estos datos personales fueron guardados y administrados por el SIR. En esta herramienta se concentra toda la historia de Sandra y la de más de 60.000 desmovilizados que hoy están fuera del conflicto armando.

Mira la ruta de la integración aquí



Esta ruta toma tiempo y voluntad de hierro, asegura Sandra con tono de paciencia. Cada paso es controlado y asistido por profesionales con herramientas que permiten tener una mejor gestión sobre cada persona que ingresa. Quienes se acogen, como Sandra, lo hacen con la promesa de reintegrarse a la sociedad en un término aproximado de 6 años y medio, elaboran un plan de vida y buscan la inclusión en el sector formal de la economía.

Según el SIR, se sabe que en esta circunstancia hay más de 6 mil personas desmovilizadas que ya trabajan de manera formal, que 13 mil más lo hacen informalmente pero en actividades legales y que 8 mil aún están esperando a que se les dé una oportunidad laboral.

Y este era el sueño de Sandra: poder trabajar y darle mejor vida a sus hijos. Ella inició su Ruta de Reintegración con dos componentes muy importantes: volver a estudiar, diez años después de haber terminado el bachillerato, y contar con atención psicosocial. “Lo más importante del acompañamiento fue tener una identidad de género porque yo no me reconocía como mujer y mis relaciones eran muy diferentes. Trabajamos en eso y fue cambiando, pude reconstruir mi feminidad y en eso las profesionales que tuve fueron muy asertivas”, comenta Sandra. Y añade: “yo vengo de una familia donde nunca nadie se hubiera imaginado que alguien iba a terminar el colegio porque éramos muy pobres, aunque siempre había querido entrar a una universidad. Por eso me quedé en el programa, porque

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